El Mito del Control Emocional

6 Ene 2014

El Mito del Control Emocional

Las personas llegan a mis consultas pretendiendo que las ayude a controlar sus emociones y yo les respondo: pues yo no hago tal cosa. Yo puedo ayudarte a crecer entendiendo el significado de tus emociones para que a partir del mensaje que ellas tienen para darte, actúes en consecuencia a favor de tu vida, pero no puedo ayudarte a hacerte daño a ti mismo intentando manipular una herramienta hermosa como lo son tus emociones.

Mira, se nos ha enseñado que la vida debe estar en el terreno emocional medio: tranquila, equilibrada, controlada. Como decimos coloquialmente: Ni muy muy, ni tan tan…normal!

¿Pero qué función cumplen las emociones?

La raíz de la palabra EMOCIÓN es MOTERE, (mover), de manera que en toda emoción hay implícito un movimiento. En otras palabras las emociones te conducen a la acción, pero si las reprimes o controlas en lugar de escucharlas, puedo garantizarte que tu próximo paso será directo al charco de barro.

Voy a darte un ejemplo: Cuando reprimes tu enojo te pones a ti mismo en situación de sentir que no has sido capaz de responder adecuadamente o en situación de queja continua. Lo primero daña notablemente tu autoestima y lo segundo te transforma en una víctima de las circunstancias.

Si juzgas tus propias necesidades como “malas” esto hará que te sientas culpable. Y como estos, podría darte cientos de ejemplos para mostrarte que negar, reprimir o controlar tus emociones siempre te llevarán a mal puerto.

Las emociones son nuestra brújula interior, nos conectan con el mundo externo, y nos indican los pasos a seguir en nuestro camino personal. Así, por ejemplo, el agobio nos informa que nuestro nivel de exigencia no es saludable y que las metas que nos hemos propuesto alcanzar son demasiadas para cumplirlas en los plazos o modos que pretendemos. Nos invita a reflexionar acerca de nuestras prioridades en el momento presente. Este estado de ánimo nos pide que seamos más amigables con nosotros mismos y que re-evaluemos la manera de encarar nuestras metas y desafíos.

Te animo a que des tu primer paso en este aprendizaje. Empieza por darte cuenta que eres Tú quien decide cómo le afectarán los hechos.

Si el “control” te dá seguridad, te diré lo que si puedes controlar: puedes controlar la intensidad de la emoción, eligiendo cómo expresarla y hasta puedes controlar el tiempo que dura una emoción, pero, acéptalo: NUNCA PODRAS CONTROLAR EL MOMENTO EN QUE TE VERÁS JALADO POR ELLA.

¡Olvídate del control emocional! No se trata de reprimir ni controlar, sino de equilibrar y aprender el lenguaje de las emociones.

Te animo a que des tu primer paso en este aprendizaje. Empieza por darte cuenta que eres Tú quien decide cómo le afectarán los hechos. Al principio te costará un poco, pero con la práctica te sentirás más seguro de ti mismo y sobre todo dejarás de sentir que las emociones están al mando de tu vida.

Voy a darte un ejemplo para mostrarte que hay un instante en que eres tú quien decide cómo un hecho afectará tú ánimo: Vamos a suponer que cuando entras al salón de la fiesta a la que te han invitado, todos ríen. Ante esta situación tienes una respuesta física emocional y en pocos segundos vienen a ti una seguidilla de pensamientos: ‘He hecho el ridículo’ = te sentirás miedoso e inseguro ‘Se están divirtiendo, será una gran fiesta’ = te sentirás alegre y motivado ‘Son maleducados’ = te sentirás enojado y molesto ‘He caido simpático porque al entrar yo se han alegrado’ = te sentirás apreciado

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